Revisamos nuestra mochila simbólica

Revisamos nuestra mochila simbólica, la mochila del camino de la vida.

Revisamos nuestra mochila simbólica, la mochila del camino de la vida.

En un post anterior empezamos a revisar lo que llevamos en la mochila que nos acompaña en el camino. Si llevamos mucho tiempo caminando, es probable que la mochila esté bastante llena; pero no todo lo que tenemos en ella puede ser valioso en esta etapa del camino. Podemos vaciarla, ver lo que hay dentro, dejar en el sendero lo que ya no sirve, descubrir si nos falta algo.

Mientras revisamos la mochila, escuchamos a Snatan Kaur con el mantra Ong Namo, pura armonía.

Me ayudo con un texto de Gudrun Burkhard (Tomar las riendas de la vida   //  Tomar la vida en nuestras manos)  para meter la mano en la mochila y entender qué encuentro allí. Ella nos dice que podemos sentir que la mano sale embarrada, como si hubiera lodo dentro de la mochila. No nos asustemos: sí, puede haber viejo barro dentro del equipaje. Es un barro que hay que limpiar: antiguas ideas, normas, convicciones, creencias que fuimos recibiendo a lo largo de la infancia, adolescencia, juventud y que tal vez bloquearon u obstaculizaron otros senderos posibles. Al liberarse de esas imposiciones que nos han encerrado es posible iniciar otro ciclo, desplegar potencialidades, avanzar en el desarrollo personal. Nuevos caminos se abren y nos están esperando.

En la mochila también puedo encontrar alguna vianda. La pusieron allí nuestros padres a través de la educación que nos dieron. Entendieron que era la alimentación que necesitábamos. Es probable que esa vianda ya se haya consumido o necesite renovarse. La nueva vianda, fresca y nutritiva, ya no la pondrán nuestros padres: seremos nosotros/as mismos quienes elijamos qué alimento llevamos para el camino.

También en la mochila podemos encontrar alquitrán: se nos pega y no podemos desprendernos de él. Son todas aquellas cosas, eventos, situaciones, características que no podemos cambiar. La tarea no es luchar contra ello sino aceptarlo como parte integrante de mi persona. Transformar esos obstáculos que no quiero o no elijo en herramientas de aprendizaje y fortalecimiento.

Seguramente, hay mucho más para descubrir en cada mochila. Gracias, Gudrun, por animarnos a abrir el equipaje y descubrir qué hay en él.

Buen camino!

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